Monseñor Gianfranco Ravasi, encargado de las meditaciones del Vía Crucis de este Viernes Santo, denuncia en éstas el abandono y el aislamiento en que viven hoy muchos ancianos y enfermos, así como el maltrato a las mujeres.
Ravasi, prefecto de la Biblioteca-Pinacoteca Ambrosiana de Milán, ha sido este año el encargado de escribir las meditaciones, que se leerán esta noche durante el Via Crucis en Roma, y que ya han sido facilitadas por el Vaticano.
Las meditaciones acompañan cada una de las catorce estaciones que componen el Via Crucis de Viernes Santo, en las que se describen los pasajes del calvario de Cristo, según la tradición católica, y que sirven de ejemplo para explicar el sentido literal o metafórico de la vida cristiana.
Así, por ejemplo, el beso de Judas, considerado un traidor a Jesús de Nazaret, sirve para describir la "traición que engendra el abandono y el aislamiento".
"Es la experiencia dolorosa de tantas personas que también en esta hora en que nos encontramos aquí reunidos, al igual que en otros momentos del día, están solas en una habitación, ante una pared desnuda o ante un teléfono mudo, olvidados por ser viejos, enfermos, o extranjeros o extraños", se lee en la meditación.
Pero también sirve para explicar otra escena que se desarrolla en el Huerto de los Olivos, cuando Jesús pide a sus discípulos, según se lee en el Nuevo Testamento, que guarden sus espadas.
"Cristo no quiere que los discípulos, dispuestos a echar mano a la espada, reaccionen al mal con el mal, a la violencia con la violencia", dice la meditación.
Y agrega: "Como Jesús había enseñado en el monte de las Bienaventuranzas, para tener un mundo nuevo y diverso, es necesario 'amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen'".
En otra de las estaciones del Vía Crucis, la novena, se representa el encuentro de Jesús de Nazaret con las mujeres de Jerusalén.
Para Ravasi, ese encuentro significa que "en torno a Jesús, hasta su última hora, están numerosas madres, hijas y hermanas".
Trasladado a hoy en día el religioso dice: "Nos imaginamos que están también a su lado todas las mujeres humilladas y violentadas, las marginadas y sometidas a prácticas tribales indignas, las mujeres con crisis y solas ante su maternidad, las madres judías y palestinas, y las de todas las tierras en guerra, las viudas y las ancianas olvidadas por sus hijos".
En otro pasaje bíblico, la condena del Sanedrín, tercera estación del Via Crucis, cuando Jesús se enfrenta a sus jueces, el meditador ve "el deber de todos a dar testimonio de verdad", que "se debe dar incluso cuando es fuerte la tentación de esconderse, de resignarse, de dejarse llevar a la deriva por la opinión dominante".
Acompaña a esa meditación la declaración de una joven judía antes de ser asesinada en un campo de concentración: "a cada horror o crimen debemos oponer nuevos fragmentos de verdad y de bondad que hemos conquistado en nosotros mismos. Podemos sufrir, pero no sucumbir".
Ravasi también escogió el Juicio de Pilatos, quinta estación del Vía Crucis, para señalar cómo el gobernador romano sucumbió "a la fuerza feroz de las masas, manipuladas por las estrategias de los poderes ocultos que traman en la sombra".
Aunque no dice quiénes son esos poderes ocultos, señala que "bajo la opresión de la opinión pública", Pilatos representa "una actitud que parece dominar en nuestros días: la indiferencia, el desinterés, la conveniencia personal".
Buscar temas relacionados