Mauricio Hochschild fue uno de los tres barones del estaño. Hábil para los negocios, protegió su empresa con un código que sólo conocían cinco personas en el mundo.Texto: Jorge Soruco
Fotos: Miguel CarrascoCon sumo cuidado Édgar Ramírez, director del Archivo Nacional de la Minería que está en El Alto, levanta un cuaderno con primorosas tapas de cuero. Sus páginas están cubiertas por extraños guarismos. Señalando un grupo de letras y números, Ramírez explica que sólo cinco personas en el mundo tenían acceso al significado de las claves que cualquier espía secreto hubiese envidiado. Las cuentas —las verdaderas— estaban archiprotegidas. ´Así de cuidadoso fue Mauricio Hochschild´.
Mientras el historiador Carlos Tenorio revisa uno de los archivos codificados, musita que las medidas de seguridad eran necesarias, ya que ´desde un principio, el trabajo de administración de Hochschild era puesto en duda por el Estado, sus socios y otros administradores de la sociedad anónima, ya que siempre ganaba. Incluso cuando los minerales estaban en baja, daba cifras positivas´.
Un problema que enfrentó fueron los juicios por la administración de la línea ferroviaria Villazón-Atocha, durante los años de la Guerra del Chaco (1932-1935). Fue acusado de fraude y actividades contra el país.
´Con los códigos dificultaba las investigaciones judiciales y financieras, a la vez que hacía casi imposible el espionaje empresarial. Además, contenían información de personas peligrosas: rivales comerciales, funcionarios de gobierno o agitadores políticos, como Juan Lechín”, el líder sindical.
En la portada de cada uno de los libros decodificadores que están en el Archivo Histórico de la Comibol, se pueden leer los nombres de las únicas cinco personas que podían tener acceso a ellos.
“Como pueden ver, sólo Mauricio Hochschild y sus administradores de confianza tenían acceso al manual. De esta manera podía controlar mejor todas sus operaciones”, indica Ramírez.
Hochschild, el segundo más rico de los llamados “barones del estaño“ —Patiño y Aramayo son los otros— llegó a Sudamérica en 1911 de Alemania decidido a hacer fortuna.
En 1921, la empresa Hochschild y Compañía ingresó a Bolivia. A diferencia de otras no adquirió concesiones en socavones explotados, ni compró terrenos con posibilidades mineras. Se dedicó a rescatar el mineral de pequeños mineros, familias pobres o ladrones.
La historiadora Magdalena Cajías explica que este negocio era un conjunto de fraude, buenas negociaciones, conocimiento minero y mucha buena suerte, ya que compraba el estaño a bajo precio para luego procesar y vender caro.
Con eso comenzó a introducirse en varias empresas mineras bolivianas, comprando acciones y solidificando su fortuna.
Matilde, San José, Bolsa Negra, Pulacayo, Colquiri y Unificada permitieron la creación de Hochschild SAMI (Sociedad Anónima de Minería e Industria). También fundó subsidiarias en Perú, Brasil y Argentina con el nombre de South American Mine Company.
Para Tenorio, Hochschild tenía visión empresarial. ´Hochschild sabía que dedicarse a la explotación de un solo tipo de metal no era lo mejor para las finanzas, ya que los precios de mineral podían caer. También mejoraba constantemente la tecnología y estrategias de explotación´, asegura Tenorio.
Una de estas innovaciones fue no comenzar en socavones. Aprovechaba los olvidados desmontes formados durante la colonia.
Tacata y Sopro, su lado social
Muy poca gente sabe que Mauricio Hochschild financió actividades de beneficio social, lo que dista mucho de la imagen que se tiene de un hombre frío, calculador y muy conservador… lo que es cierto, pero no excluye una genuina preocupación por sus congéneres.
Hochschild financió la construcción de un centro vacacional, entre 1941 y 1943, en Tacata, Cochabamba, donde los hijos de los mineros, que fueran buenos alumnos, pasaban su descanso pedagógico, lejos de los socavones.
Durante la Segunda Guerra Mundial refugiados judíos llegaron a Bolivia. El empresario creó la Sociedad de Promoción del Emigrante, la Sopro, que se encargaba de apoyar e instalar en terrenos productivos a los que lograron escapar del holocausto.
Hochschild era un hombre muy conservador, aferrado a las costumbres y reacio al cambio, ´sus cartas revelan que no le gustaba que se agite el status quo social, ni sus intereses´ afirma Cajías.
Estas características acentuaron con la llegada de corrientes nacionalistas, que denunciaban el poder de los barones.
Hochschild se convirtió en el blanco de la pluma mordaz de Augusto Céspedes y Carlos Montenegro y en 1944 llegó la primera señal de su derrota.
Hochschild fue secuestrado por el gobierno de Radepa y liberado, pagando 700 mil bolivianos de rescate. Este hecho, más la matanza de Chuspipata, le obligaron a dejar el país.
Casi 10 años después, Víctor Paz Estenssoro firmó la nacionalización de las minas, matando la SAMI y dejando casi en secreto a quien llegó a influir mucho en la vida del país.