Pérdidas territoriales de Bolivia

Es evidente que Bolivia perdió territorios en sus conflictos limítrofes, pero no en la dimensión que se difunde.
Ramiro Prudencio Lizón* | Octubre 25 de 2005
En una conferencia de prensa efectuada en España, el presidente de Chile, don Ricardo Lagos, hizo referencia a las pérdidas territoriales sufridas por nuestro país a lo largo de su vida republicana, señalando que Bolivia habría nacido con una superficie de 2,2 millones de kilómetros cuadrados, y que “hoy tiene 1,2 millones, y Chile fue el que se quedó con menos”.

Los comentarios del mandatario chileno se basan en el mito afincado en el país de que Bolivia ha perdido por culpa de sus cinco vecinos una extensión territorial casi tan grande como la que actualmente posee. Pero esta posición derrotista sólo ha determinado que nuestro pueblo, en vez de proyectarse hacia el exterior, se encierre más dentro de sus fronteras y viva como encuevado en el centro del continente sudamericano.

Es evidente que Bolivia perdió territorios en sus conflictos limítrofes con varios de los países vecinos, pero no en la dimensión que se difunde. Se dice, en primer lugar, que la República Argentina le habría despojado de la Puna de Atacama y del Chaco Central. Pero los historiadores se olvidan de indicar que el departamento de Tarija, junto con el Chaco Central, no pertenecía a Bolivia. Prueba de ello es el reconocimiento de nuestro primer Presidente, el Libertador Simón Bolívar, al derecho argentino sobre esos territorios y su devolución mediante decreto de 6 de noviembre de 1825.

Con el Brasil, el problema es más complicado. Efectivamente nuestros límites históricos estaban cimentados en tratados suscritos entre los reinos de España y Portugal, en el siglo dieciocho. Pero pese a ello, los portugueses avanzaron por territorio hispánico hasta llegar a las nacientes del río Madera y del río Paraguay. Por este motivo, el Tratado de 1867 no tuvo más remedio que reconocer los asentamientos portugueses y brasileños en el Acre y en el Mato Grosso. Este acuerdo, muy criticado por haber sido suscrito en tiempos de la feroz tiranía de Melgarejo, tuvo de todos modos el mérito de haber puesto límite a la expansión brasileña. En consecuencia, sólo se puede considerar como verdadera pérdida territorial lo que el Brasil ocupó posteriormente, en la llamada Guerra del Acre, pasando por encima del tratado anterior.

Respecto al Paraguay, se considera que este país nos habría cercenado toda la extensa zona del Chaco Boreal. Pero esta apreciación carece de un sentido realista. Si Bolivia estimaba tener derechos hasta la confluencia de los ríos Paraguay y Pilcomayo, la República del Paraguay sostenía tener buenos fundamentos para ocupar todo el Chaco. Por ello, es menester suponer que el dominio territorial boliviano en esa zona sólo alcanzaba hasta donde los tres tratados de límites suscritos en el siglo diecinueve, lo consignaban. Estos convenios dividían el territorio disputado en dos partes casi iguales, lo que determina que por la funesta Guerra del Chaco habríamos perdido solamente la mitad del Chaco Boreal.

En cuanto a nuestros límites con la República del Perú, sabemos que la cuestión fronteriza en la región de Apolobamba y los Moxos, fue dirimida por un laudo arbitral emitido en 1909 por el Presidente de la República Argentina. El arbitraje argentino no se fundó en el derecho positivo sino en la equidad; decisión que estableció que algunas poblaciones bolivianas quedasen en poder peruano. Por esta causa, hubo un enérgico repudio al laudo en Bolivia, lo que originó la absurda opinión de que todo el territorio en disputa debía pertenecernos. De allí vino la leyenda de haberse perdido una extensa zona por el lado peruano, cuando en realidad se perdió muy poco.

Resta referirnos al tema fundamental de nuestros límites con Chile. Como se sabe, Bolivia tenía sólidos derechos hasta el río Paposo. Pero posteriormente, por la presión chilena, aceptó que la frontera se definiera en el Tratado de 1866, ratificado por el de 1874, situándola en el paralelo 24 de latitud sur. De este límite hasta el río Loa hay una extensión de 80.000 km2 que se perdió por la Guerra del Pacífico. En consecuencia, no es Chile el que “se quedó con menos” territorio boliviano.

Pero lo que el presidente chileno Ricardo Lagos debe comprender, es que pese a las pérdidas territoriales sufridas en otras partes, Bolivia continúa siendo un Estado amazónico y platense, manteniendo esas grandes vías fluviales para su comercio exterior por el océano Atlántico. Mientras que la privación de su litoral pacífico lo ha convertido en un país enclaustrado, al extremo que hasta ahora tiene grandes dificultades para exportar su gas a ultramar, condenándose a una vida futura de subdesarrollo y miseria.

*Ramiro Prudencio Lizón
es escritor y diplomático.

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