Forjadores de nuestro camino
Cnel. Ángel AvendañoLa kispiña, actualmente conocida en nuestro medio como galleta de quinua, es elaborada mayormente en el Altiplano, reemplaza al pan en muchas de las comunidades y es complemento de su desayuno diario. Son las mujeres quienes se encargan de preparar este alimento, pero los hombres no se quedan de lado, pues colaboran moliendo la quinua.
Los ingredientes son: harina de quinua (dos kilos), una cucharada de cal (catawi), sal al gusto y tres tazas de agua tibia. No se usan colorantes, saborizantes ni harina de trigo, lo que la hace altamente nutritiva.
Su preparación consiste en cocer la harina junto a la cal, luego de hervidas se amasa y elabora las kispiñas dándoles diversas formas como ser de animalitos: vaquitas, ovejitas, cerditos, caballitos. Finalmente, se las coloca en otra olla y se las termina de cocer en baño María por 45 minutos más.
´Es mejor esperar esos minutos más para saborear la rica kispiña´, afirma Toribia Chambi, quien también agrega que algo resaltante de la kispiña es el catawi (cal), porque le da color y sabor. Sin este ingrediente, la quinua molina sería picante, ´imposible de comer; además, la cal mata algunos parásitos´.
Hay dos tipos de kispiña. La japuchi hecha diariamente y un tanto voluminosa, y la tajlli elaborada sólo en fechas importantes y considerada el plato principal. Tiene forma aplanada, como una especie de panqueque.
Los antepasados de los pueblos andinos tuvieron la necesidad de fabricar las kispiñas para acompañar las comidas, exactamente como el pan. Hoy continúa en las mesas de los comunarios, incluso para los aptapis.
´No había marraquetas, nos servía para el desayuno, almuerzo, té y cena, había que matar el hambre´, asegura doña Toribia.
Candelaria Kantuta (75), de la comunidad Quenakahua Baja, explica que anteriormente, al no existir medios de transporte que los comunique con la ciudad de La Paz, se debía peregrinar en burros que llevaban una arroba de kispiña para cambiar por frutas. En cada descanso de los comunarios, durante el trayecto, consumían un poco de su producción. ´Actualmente se está perdiendo la costumbre de cambiar kispiña por frutas porque sólo se elabora para el propio consumo´, comenta la lugareña.
En Aygachi existe una creencia en relación con este alimento. Casimira Quispe indica al respecto que cuando las cocineras obtienen una sabrosa galleta, su día será excelente; caso contrario cabe esperar horas desagradables.
´Descubrimos que la kispiña prolonga la vida, los que comían kispiña eran sanos, fuertes y vivían más de 100 años´, argumenta Darío Huallpa. ´Hoy en día, la mayoría somos flojos, ya no hacemos las kispiñas y por eso somos débiles, nos enfermamos fácilmente y nos morimos a los 60, 70 y máximo 80 años´.
Estas galletitas son vendidas en la Feria de Alasita, en la festividad de Todos Santos como parte de las ofrendas para los difuntos y en forma de llamitas.
La nutricionista Katalina de la Barra, del hospital La Paz, aconseja consumir quinua pues tiene proteínas, calcio, fibra y reemplaza el consumo de carne, queso y huevos, de ser necesario.
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