Ahora que en medio del trágico invierno, la naturaleza nos está pasando cuenta de cobro a los colombianos, vale la pena que por lo menos reflexionemos sobre los abusos que se han cometido en el país contra nuestros ríos, montañas, y en general contra el medio ambiente.
Aunque todos los días se habla de más y más campañas para respetar el planeta, en la realidad hacemos todo lo contrario. Se construye en donde no se debería, se talan más bosques, cada quien reforesta como le ordena su voluntad, se desvían ríos y se contamina a más no poder.
También sería bueno que tantas Corporaciones Autónomas regionales, nos cuenten en qué se gastan sus millonarios presupuestos. Son entidades que reciben verdaderas fortunas de los impuestos que pagamos los colombianos. Que no se limiten a decirnos año tras a año la tradicional frase de: “estamos viviendo el peor invierno de la historia”. Que por lo menos cambien el repertorio. Que en lugar de tanta burocracia, hagan estudios serios para evitar que se sigan repitiendo tantas tragedias anunciadas.
Por su parte todo el Estado colombiano se dejó tomar ventaja de los urbanizadores piratas que van cercando el lote que se les antoja y venden las viviendas a medio terminar en zonas que son propensas a inundaciones o a deslizamientos. De paso esos mismos urbanizadores, estafan a miles de colombianos, y la misma historia se repite y se repite.
Muy desalentador es el presente y el futuro del medio ambiente en Colombia, a simple vista pareciera que tiene muchos dolientes, pero lo que tiene es burócratas. De otra parte los colombianos del común no hacemos más que quejarnos por las tragedias que vivimos con el invierno, pero a la hora de la verdad es muy poco lo que hacemos para por lo menos prevenir los desastres que ahora lloramos, y que hasta le suplicamos a Dios que no se repitan, cuando la verdad es que hacemos todo lo necesario para que se sigan presentando. Pobre naturaleza.